A quien guste leer - Soldadito Marinero Blog

A quien guste leer

Esta es una entrada diferente a todas las demás, pero espero que, aunque se trate de un listado de libros, podamos darle un toque diferente. Es más, ahora que he terminado la entrada y subo a este párrafo a editarlo, puedo decir que se ha convertido en una reflexión sobre la lectura. Espero que os guste y que lleguéis hasta el final, porque terminaré con una petición para vosotros. Comencemos.

Iba a titular la entrada “Mis 10 libros favoritos”, pero luego me di cuenta de que estaría mintiendo. Porque he querido incluir diferentes géneros y no repetir autores, así que han quedado fuera otros que también merecían estar aquí. De todas formas, siempre me he preguntado cómo se puede uno decidir sobre sus libros preferidos. ¿Acaso no afecta el momento vital en que nos encontramos cuando los leemos?

Supongo que así es, que el mismo libro leído en dos momentos diferentes de nuestra vida puede dejarnos impresiones muy dispares. Quizá esto se pueda solucionar con la relectura, con volver a un libro del pasado para comprobar si nuestro juicio fue certero y a prueba del paso del tiempo.

Y es que hay veces que, como ocurre también con las películas, parece que apetece más revivir sensaciones que abordar obras nuevas. Ya lo decía Enrique Vila-Matas, en un buen libro que bien podría haber formado parte de esta lista:

dietario voluble

Pero lo que está claro, al menos en mi caso, es que ha habido libros que me han gustado mucho y otros que nada, sospechó que independientemente de la época en que los leyese. Los primeros dejan un poso que a veces necesita de tiempo para ser valorado, libros que son engrandecidos por los días desde su lectura, como si hiciese falta perspectiva para comprender las enseñanzas que nos dejaron. Los que aquí incluyo pertenecen ese grupo, al de aquellos que me gustaron por sí mismos y que intuyo que me volverían a gustar hoy si los releyese.

En cada uno de los libros, en el caso de que haya encontrado el ebook gratuito, pondré el enlace a una página de descargas. He redactado unas brevísimas instrucciones para ello aquí. Cuando no haya encontrado el ebook gratis, pondré el enlace de amazon.

Y ahora sí, vamos con la lista.

     1. Stoner, John Williams

Cuando pienso en una novela redonda me viene a la mente este libro. Pero si me preguntan por qué me gusta tanto, no sé responder. Porque es un libro sobre un hombre normal, ni más ni menos, uno que podemos cruzarnos por la calle sin enterarnos, verlo en la cola del supermercado o ser nosotros mismos. Y, sin embargo, en Stoner esa normalidad grisácea está escrita de tal manera que me cautivó cuando lo leí. Lo hizo de una forma silenciosa, sin fuegos artificiales, metiéndose dentro de mí página a página sin hacer ruido. Hasta que, al terminar, lo dejé en la mesita de noche y me di cuenta de que había tenido en mis manos una obra maestra.

John Williams, el autor, sólo escribió 6 libros. Pasó sin pena ni gloria por el panorama literario de su país, Estados Unidos. De su novela Stoner vendió unos cuantos ejemplares antes de morir en 1992. Hace unos años, una editorial francesa la descubrió y la tradujo, lo que lo ha dado a conocer en Europa. Desde entonces se ha ido extendiendo y lo tenemos traducido al castellano.

Siempre que un descubro a un escritor que alcanzó el éxito de forma póstuma, pienso en lo injusto que resulta que no pudiese vivir para ver su legado. Millones de personas que verán modificada su vida, aunque sea mínimamente, con la lectura de su obra. Y mientras tanto, su creador yaciendo bajo tierra sin enterarse de nada. A veces parece que hay que estar muerto para ser considerado buen escritor, como si solo el paso del tiempo otorgase valor a las obras.

Si elegís este libro, espero que os guste como a mí, pero no esperéis giros espectaculares en la trama, acción desenfrenada ni un mundo edulcorado. Simplemente un libro bien escrito sobre un hombre corriente. Eso es Stoner.

Gratis para ebook.

Stoner en papel.

     2. La Insoportable Levedad del Ser, Milan Kundera

Una de mis medidas para saber cuánto me ha gustado un libro, es ver la cantidad de partes subrayadas que dejo cuando lo termino. Usando ese criterio, La Insoportable Levedad del Ser tiene que estar en esta lista sí o sí.

Sin embargo, sé que recomendar un libro es complicado, porque levantas una expectativa que va a ser difícil de cumplir. De alguna manera te haces responsable del éxito o fracaso de tu propuesta, como si tuvieses algún tipo de recompensa si tu recomendación funciona. Y esta dificultad se acentúa con libros que, por su contenido algo más denso, quizá no sean para el gran público.

Quizá éste sea uno de esos casos, aunque me resisto a pensarlo. Se trata de un libro con multitud de matices, que construye la realidad de cuatro personajes de tal forma que todos podemos reflejarnos en alguno de ellos. Como si se pudiese comprimir el sentimiento universal y plasmarlo en unas cuantas páginas. Pero no un sentimiento superficial, como en tantos otros libros, sino el que descansa en las profundidades del alma humana.

Si elegís este libro, espero que encontréis tan interesantes como yo sus reflexiones sobre el amor, el apetito fáustico, los celos, el peso (o la levedad) de nuestras decisiones y, en definitiva, la vida en toda su expresión. Si no, siempre podéis quedaros con la película.

milan kundera

Gratis para ebook.

La Insoportable Levedad del Ser en papel.

     3. Embajador en el infierno, Torcuato Luca de Tena

Cuando leí “El Hombre en busca de Sentido” y “Si esto es un Hombre”, pensé que debería ser obligatorio para todo el mundo leer al menos uno de ellos. Porque son libros que nos hacen sentir afortunados por el mero hecho de vivir, que hacen que te olvide la preocupación por ese dolor de espalda que arrastras o porque se ha estropeado la máquina de café. Libros que ponen los problemas en su perspectiva adecuada.

Los dos relatan las condiciones vividas en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, escritos en primera persona por supervivientes de aquel episodio de la historia.

Y, dado que el ser humano compara casi por instinto, cuando los leemos nos permiten reconocer la suerte que tenemos por la época que nos ha tocado vivir, por tener una cama donde acostarnos, un plato de comida o un techo que nos proteja. Porque no siempre fue así.

El caso es que me gustaron tanto que, cuando encontré un libro español que es igual de bueno o más, me pareció un descubrimiento digno de ser contado. Que el protagonista sea de la División Azul, el grupo de soldados españoles que viajó a Rusia a luchar del lado de los nazis, debería ser lo de menos. Lo mismo daría que lo hubiese escrito un soldado del bando contrario. Porque allí, en la guerra, el sufrimiento no tuvo color de bandera, nuestra condición humana prevaleció sobre las diferencias. Quizá porque, cuando lo importante es sobrevivir, las diferencias y las caretas tienen poco recorrido. Lástima que nosotros, que ni tan siquiera tuvimos que pasar por aquello, lo hayamos olvidado.

Gratis para ebook.

Embajador en el Infierno en papel.

     4. Momentos estelares de la humanidad, Stefan Zweig

Stefan Zweig es uno de mis escritores favoritos. Escribió una larga lista de libros, algunos de ellos brevísimas novelas que se leen en una tarde.

El otro día me decía una amiga que cuando ve un libro extenso (ladrillo, lo llamó ella), de esos gordos con muchas páginas, le da pereza y ni lo empieza. La inversión en tiempo es demasiado elevada. Y tengo que reconocer una cosa –preparad el látigo-, a mí también me pasa. Supongo que somos la generación de los vídeos cortos de youtube (si dura más de diez minutos ni lo abrimos), de las series en vez de las películas, y de una cita rápida en Tinder, no vaya a ser que le dé tiempo a conocerme. Y yo me declaro culpable. Cuando veo en los mostradores las novelas de Reverte, Julia Navarro o Ruiz Zafón, me pregunto cuánta gente joven los lee realmente. Y he escogido a los autores que venden, porque, cuántos libros escritos vagarán por el mundo sin lectores. Existir sin ser, supongo, porque lo que convierte a alguien en escritor es el lector.

Cuando escriba yo uno, no me olvidaré de esta reflexión y será corto. Os lo prometo.

Decía esto a tenor de las novelas breves de Zweig. Pero yo no he elegido ninguna de ellas para esta lista. Entre todos sus libros, yo he elegido Momentos Estelares de la Humanidad porque se trata de catorce piezas brillantes sobre nuestro pasado, pero no como solemos verlo en los libros de historia. Nada de eso. Son historias independientes de creación, de aventuras, de valor, de pasión y de todo aquello que hace que la vida merezca la pena ser vivida. Historias sobre personas extraordinarias que, cada uno a su manera, cambiaron el mundo en que vivimos.

No quiero terminar esta reseña sin mencionar la figura humana de Stefan Zweig, que siempre me ha interesado. Su vida la contó él mismo en “El Mundo de Ayer”, su genial autobiografía. Fue un hombre con una marcada vocación escritora, una enorme inteligencia y una sensibilidad que hizo que las heridas que Europa se infringía durante aquellos días (vivió las dos guerras mundiales), pareciesen dolerle a él en lo más profundo de su alma. Prueba de ello es su final. Emigrado en Brasil, agotado tras una vida errante, no pudo soportar más los aciagos días que le tocó vivir y se suicidó junto a su mujer en una humilde habitación. De aquel día nos queda una fotografía y una nota de despedida que finaliza con una esperanza para las generaciones venideras, para nosotros.

“Ojalá puedan ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me voy antes de aquí”.

Nota de despedida de Stefan Zweig

Esperemos que el amanecer en que vivimos actualmente no esconda otra larga noche venidera, porque cada vez parecen ir surgiendo más dudas.

Gratis para ebook.

Momentos Estelares de la Humanidad en papel.

    5. Prosas apátridas, Julio Ramón Ribeyro

Julio Ramón Ribeyro es otro de mis escritores favoritos, pero no por sus relatos, que fue el género que ocupó su vida literaria, sino por sus diarios.

Prosas apátridas es una selección de reflexiones cortas, de media página cada una y de temática variada. Un libro muy corto, perfecto para leer un rato por las noches o en un viaje.

Lo descubrí por recomendación de alguien. Me pasa a menudo que cuando conozco a una persona y me dice que lee, me intereso por sus libros favoritos. Pero la respuesta suele decepcionar. Porque cuando preguntas por aficiones, el 80% de la gente incluye leer, además del cine, el deporte, salir con los amigos y viajar. El quinteto que no falla. Sin embargo, luego ves en la prensa que el 40% de españoles no lee ningún libro al año y piensas que algo no cuadra. Que quizá cuando decimos que nos gusta “leer” nos referimos al correo electrónico o a los carteles publicitarios. No sé, digo yo.

El caso es que esta vez no ocurrió así, y me llevé una recomendación de las buenas. Al poco de empezar el libro, me di cuenta de que yo hago algo parecido a Ribeyro cuando anoto ideas con la esperanza de que se conviertan, en el futuro, en entradas para el blog. La mayoría de esas ideas están dispersas en libretas, en correos enviados a mí mismo o en documentos Word abandonados que no sé si algún día verán la luz convertidos en textos coherentes. Quizá debería hacer como Ribeyro y publicar mis propias Prosas Apátridas algún día, así resolvería de golpe el problema de la acumulación de ideas.

Los diarios completos de este escritor también están publicados, bajo el título La Tentación del Fracaso, otro libro que me encantó pero que sólo recomendaría a fans del escritor o del género del diario. Primero dale la oportunidad a Prosas Apátridas porque tendrás la dosis justa de Ribeyro. Y ya, si te gusta, puedes ir a por más.

Prosas Apátridas en papel.

     6. Nada y así sea, Oriana Fallaci

Soy consciente de que me estoy pasando con el género histórico y bélico, pero tenía que incluir este libro.

Un día una niña de 5 años le hace a su tía una pregunta tan sencilla como difícil de responder, “¿qué es la vida?”

Su tía, que no es otra que Oriana Fallaci, se fue a la guerra de Vietnam para poder encontrar una respuesta. Y lo hizo.

Lo hizo y lo escribió en un gran libro. Escribió cómo los seres humanos se matan por un trozo de tierra y cómo la vida de un soldado no vale nada mientras que, a la vez, un equipo de médicos en Estados Unidos trabaja durante horas para salvar otra vida exactamente igual. Porque quizá uno no es igual a uno. Y por eso en Occidente sólo sentimos dolor cuando la sangre podría habernos salpicado a nosotros.

En este libro Oriana reflexiona sobre todos estos temas, y lo hace jugándose el pellejo. Porque cuando leo a Oriana me doy cuenta del significado de la palabra valentía. De que hay personas que sí se atreven a sacudirse la rutina y la comodidad para salir ahí fuera y vivir la vida con toda la intensidad posible. Y encima nos lo cuentan en un libro, ¿se les puede pedir más?

Y es que Oriana se plantea las mismas preguntas que nosotros en nuestra habitación, pero ella desde las trincheras de Vietnam. Allí subió en aviones que caían en picado disparando, convivió con los soldados, visitó aldeas desoladas por la guerra, entrevistó a los protagonistas de uno y otro bando, recogió testimonios de los vietnamitas que iban a la guerra “a morir” y se jugó la vida para poder contar todo esto.

Fue allí a por una respuesta para su sobrina de 5 años, “¿qué es la vida?”. Y la encontró y con ella tituló su libro.

Nada y así sea en papel

     7. Alta fidelidad, Nick Hornby

A veces encuentro gente, supuestamente muy culta, que parece renegar de cualquier libro o película si se ha producido en los últimos años. Básicamente se basan en la premisa de que, si no es antiguo, no puede ser bueno.

La verdad que rodeados por Gran Hermano Vip, por el periodismo del morbo y por altas dosis de cultura de usar y tirar, puede llegar a ser comprensible este pesimismo sobre el momento actual. Pero hasta cierto punto.

Yo creo que hoy en día se hacen películas tan buenas como hace 50 años y se escriben libros de la misma calidad o mayor que hace 200. Aunque haya que buscar más para poder encontrarlos, para separar el grano de la paja, porque ésta es más abundante hoy que nunca.

Y esas mismas personas, ante un clásico, siempre contestarán que les ha encantado. Aunque le haya aburrido soberanamente. Que no se diga.

Que haya más “clásicos” buenos en términos relativos es normal. Porque han sobrevivido el paso del tiempo, que es el único juez posible. Y a veces comparamos cualquier cosa del presente con lo mejor del pasado. Pero de ahí a encumbrar a unos y desacreditar a otros, dista mucho.

Digo esto porque éste es uno de esos libros que, por su género –relaciones de pareja a los treinta- y por su año de edición -1995- podría ser ninguneado por no ser “un clásico”. Sin embargo, a mí me encantó, me entretuve con las peripecias de Rob Gordon y me sentí muy identificado en muchos puntos. Porque hay tiempo para todo, y a un libro le podemos pedir conocimiento filosófico pero también un rato de entretenimiento. Lo importante es saber lo que buscamos antes de empezarlo. Y Alta Fidelidad sin duda te lo da, por eso tenía que estar en esta lista.

Gratis para ebook.

Alta Fidelidad en papel.

     8. Cuando te envuelvan las llamas, David Sedaris

Hay veces que cojo un libro con escepticismo e incluso con algún prejuicio. Como esperando que me decepcionen las primeras 25 páginas y así tener una excusa para abandonar la lectura. Uno menos en la lista de pendientes, una pequeña sensación de alivio en ese Excel interminable.

Así que cuando afronto un libro con esta predisposición y luego, no sólo no me decepciona, sino que me gusta, tiene mérito doble.

Eso es lo que me ocurrió con David Sedaris. Una lectura que comencé con el ceño fruncido y ganas de liquidarlo en las primeras páginas, pero que le dio la vuelta a la tortilla y me tuvo entregado leyendo sus historias hasta el final.

No soy alguien que se ría fácilmente con las comedias. A veces en el cine observo con envidia a mi alrededor, cuando escucho las carcajadas de los espectadores. A mí me puede resultar graciosa la escena y esbozar una sonrisa, pero reírme a mandíbula abierta… Raras veces. Con los libros me pasa algo parecido. Sonreír sí; reír, difícil.

Digo esto porque los libros de Sedaris constan de historias independientes con el sentido del humor como punto común. Y no puedo decir que me hagan desternillarme, pero sus situaciones surrealistas me hacen más gracia que cualquier libro que haya leído del género.

Además, lo consigue escribiendo bien, logra introducirme en sus historias con la dosis justa de pasajes descriptivos. Hace poco comentaba con un amigo al que le gusta escribir que nuestra generación no está preparada para pasajes descriptivos eternos en los libros. Que necesitamos que la historia progrese, que el escritor vaya al grano, para que no abandonemos la lectura, y que quizá por eso algunos clásicos tienen ahora menos pegada. Y en Sedaris admiro esa justa medida. La dosis que hace que me imagine la escena, pero que permite que la acción avance, sin apabullarme con detalles superfluos.

No esperes de este libro lo mismo que de “La insoportable levedad del ser”, pero ya dije que quería incluir diferentes géneros. Y si te gustan los blogs, los libros de Sedaris pueden ser adecuados para ti, porque sus capítulos son como entradas algo más largas. Siempre pienso que, si algún día me lanzo a escribir entradas con sentido del humor, me gustaría hacerlo como David Sedaris.

Ebook (amazon)

Cuando te Envuelvan las Llamas en papel

     9. Una breve historia de casi todo, Bill Bryson

Quería incluir también algún libro de divulgación científica, y éste me parece un ejemplo perfecto para ello.

Este libro lo leí hace unos cuantos años y extraje algunas enseñanzas en las que he profundizado desde entonces. Nuestra insignificancia en ese reloj cósmico en el que la presencia del ser humano apenas representa unos segundos comparado con la edad del universo, nuestra pequeñez frente a las millones de galaxias y estrellas que existen, la remota posibilidad que tenemos de estar vivos y lo agradecidos que debemos estar por ello, y la existencia de grandes hombres y mujeres que se fueron un poco más allá en la ciencia para que hoy podamos entender el mundo en que vivimos.

Siempre que pienso en este libro recuerdo una anécdota relacionada con los días en que lo leí. Tengo un amigo, al que le gusta mucho la ciencia, que empezó este libro bajo mi recomendación cuando yo todavía no lo había terminado. A los pocos días me alcanzó y pudimos seguir leyendo al mismo ritmo y comentar los capítulos que más nos gustaban.

Siempre que nos juntábamos y acabábamos hablando del libro, coincidíamos en una sensación que prevalecía sobre todas las demás mientras lo leíamos. Esa sensación era ligereza, de que nuestras vidas son insignificantes frente al inmenso universo. De que somos fruto de un conjunto de casualidades remotas y que bastaría con que uno de los miles de meteoritos que vagan por el espacio colisionase con la tierra para terminar con todo. Una sensación de intrascendencia, de que nuestras vidas no son tan importantes comparadas con la cantidad de seres que han habitado y habitarán este planeta, y de que nuestros problemas y nuestras decisiones no tienen tanto peso como a veces le damos.

Embriagados por estas sensaciones, mi amigo y yo creamos un lema para referirnos a todo ello. Era una tontería de adolescentes, pero a nosotros nos hacía gracia y sentíamos que teníamos algo juntos que los demás no comprendían. La frase era “Nothing to lose”, y se refería a que en esta vida pasajera no significamos mucho en comparación con las magnitudes del universo, y que no tenemos demasiado que perder. Era como decir: cero preocupaciones, carpe diem.

La ocasión en la que más usábamos la frase era cuando salíamos de fiesta. Quizá porque nos ayudaba a encontrar valentía en medio de nuestra timidez. Valentía para hablar con esa chica de la barra, valentía para sincerarnos o valentía para bailar como si nadie nos estuviese mirando. En un universo con millones de galaxias como la nuestra, tampoco importaba tanto hacer el ridículo un rato.

“Nothing to lose”, nos repetíamos el uno al otro cuando veíamos que la ocasión lo requería. Y entonces sentíamos que lo que hiciésemos dejaba de tener trascendencia. Que éramos granos de arena en una playa infinita y que dentro de 500 años nadie se acordaría de nosotros. 500 años que nada significan en la escala del universo.

El caso es que se convirtió en nuestra frase tótem en esas noches madrileñas. Quien me conozca sabrá que me duró poco el lema “Nothing to lose”, que soy más bien de los que se quedan pegaos a la pared con una copa en la mano observando como baila el poseso de la discoteca, mientras imagino la sensación que tendrá ese chico cuando despierte por la mañana. Pero oye, a veces quizá hay que poner un poco de “Nothing to lose” en la vida, y durante aquellos días lo hicimos y el caso es que nos sentíamos más vivos que nunca.

Una de esas noches estábamos en un bar irlandés cerca de la plaza de Sol. Mi amigo sujetaba una pinta en la mano y hablaba sobre los tipos de cerveza que había probado en su Erasmus en Bélgica, pero tenía la mirada ida, como si no estuviese allí conmigo. Observé hacia donde miraba y vi una chica morena con el pelo rizado, justo como yo sabía que le gustaban a él. Ella le miraba a él de reojo, un poco nerviosa y buscando el cobijo de su grupo de amigas cuando las miradas se hacían demasiado evidentes.

Mi amigo es un chico bastante tímido que en condiciones normales jamás se atrevería a hablar con una desconocida en un bar. Pero pensé que esta vez era diferente, los dos estábamos terminando de leer el libro y seguramente sería de las últimas noches que podríamos usar nuestra frase. Como si una vez concluida la lectura del libro ya no nos estuviese permitido vivir de esa manera un tanto desinhibida. Así que me acerqué a él y le dije al oído que esa chica estaba aquí por una serie de casualidades que ni siquiera podíamos imaginar. Que en un planeta de 4.500 millones de años, ellos dos habían coincidido en espacio y tiempo y terminado en el mismo bar por una especie de milagro. Y, sobre todo, le dije al oído nuestra frase: “Nothing to lose”. No había nada que perder porque jamás a nadie le importaría que esa chica le rechazase o que tuviese novio. Mi amigo estaba ahí para actuar, no para quedarse mirando.

La frase tuvo el efecto que buscaba, mi amigo se armó de valor, pronunció la frase un par de veces en voz baja para convencerse, y se dirigió hacia la chica de pelo rizado. Esto ocurrió hace unos 6 años.

En Septiembre del año estuve en la boda de ambos. Fue en Zaragoza y, en un momento del baile, cogí a mi amigo del brazo y lo aparté un poco. Cuando me miró noté que sabía lo que le iba a decir. Me acerqué a su oído y le susurré, “nothing to lose”. Una frase que ahora nos suena ridícula, pero que fue capaz de cambiar dos vidas para siempre, la suya y la de la chica de pelo rizado que resultó llamarse Ana. Él me miró sonriendo y ligeramente emocionado, y no hizo falta decir nada más.

Desde entonces, cada vez que abro un nuevo libro, soy consciente de que podría cambiarme la vida.

Gratis para ebook.

Una Breve Historia de Casi Todo, en papel.

     10 –

La verdad que no hay décimo libro, ése es para vosotros. Porque ahora viene la petición que os había anunciado. Ha empezado 2017 y necesito recomendaciones de libros que os hayan encantado a vosotros. Podéis enviarlo por mail o aquí abajo en los comentarios, prefiero esta segunda opción para que otros también puedan aprovecharse de vuestras recomendaciones. Por eso, mil gracias!

@soldadito_m

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