Parece mentira cómo un pequeño viaje, aunque sea sólo de un fin de semana, puede desentumecer el alma y sembrar de propósitos nuestro futuro. Dos días lejos de casa bastan para alumbrar los días venideros con una luz diferente. Nuevos proyectos que acometer, sitios que visitar, comidas que probar, libros que leer o películas que